El músico: deportista de élite

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Hola a tod@s!!!

A priori, el ejercicio de la música puede parecer una actividad distendida, con poca exigencia física, pero nada más lejos de la realidad.

Hay numerosos estudios que demuestran que se trata de un trabajo que conlleva un desgaste importantísimo y para el que es necesario una preparación física y el seguimiento de especialistas. En caso contrario, se corre el riesgo de sufrir diversas patologías, entre las que se dan con más frecuencias las llamadas LER (lesiones por esfuerzo repetitivo).

A la práctica musical profesional y a la exigencia ergonómica derivada de su ejercitación diaria, también hay que añadirle el estrés psicológico al que se enfrenta el músico, la variación de horarios y ritmos vitales, viajes, giras intensas, poco descanso, etc.

Entre esos estudios podemos destacar la tesis doctoral elaborada por la doctora Claudia Iñesta Mena, que demuestra que las pulsaciones de un instrumentista clásico son equiparables a las de un futbolista o un ciclista, llegando a una media de 136 pulsaciones por minuto, alcanzando en algunos momentos, las 200.

Podemos destacar también el estudio publicado por el doctor Marcus Smith, especialista en medicina deportiva de la Universidad de Chichester, Inglaterra, en el que midió el rendimiento físico de varios bateristas, teniendo en cuenta el consumo de oxígeno, la frecuencia cardíaca o la cantidad de ácido láctico en el cuerpo, arrojando resultados como que el gasto medio de calorías por hora supera en 400 el gasto de un oficinista, llegando en ocasiones a las 600, igual que un futbolista profesional de primera división.

Afortunadamente, cada día son más las disciplinas médicas que empiezan a interesarse por el colectivo de los músicos, ya que es indudable la relación entre música y las lesiones derivadas de su práctica.

Por ello, podemos concluir que, en paralelo a la formación musical y técnica, se hace totalmente necesaria una educación enfocada al cuidado de la salud para evitar lesiones y optimizar resultados en el estudio del instrumento, como mantener un tono muscular óptimo, estirar y calentar antes de cada interpretación, consultar con especialistas ante cualquier molestia, planificar las horas de estudio, vigilar posturas y gestos, etc.

Hasta la próxima,

Javi.

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La visualización como técnica de estudio

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Existen numerosas técnicas de estudio, unas “dedicadas” y otras aplicables a múltiples disciplinas. En el grupo de estas últimas se encuentra la visualización.

Tiene numerosas aplicaciones, como en el ajedrez (entrenamiento mediante partidas sin tablero), gimnasia (solución de problemas de ejecución en ejercicios determinados), baile (memorización de coreografías), cirugía (mejora de las habilidades en quirófano), etc. Por ejemplo, deportistas como Roger Federer o Jenson Button han reconocido públicamente que utilizan esta técnica con notables resultados.

En la música, que es lo que nos ocupa, también se puede aplicar.

Consiste en imaginar al máximo detalle que estamos tocando un instrumento. La evidencia científica mantiene, que el vivir los sucesos en la imaginación, genera una inervación de nuestros músculos similar a la producida por la verdadera ejecución física de una destreza. Son las mismas áreas cerebrales las implicadas tanto para percibir o realizar el sonido como para imaginarlo.

La verdadera dificultad de la visualización radica en crear imágenes con la suficiente claridad y agilidad de manera que ésto nos permita utilizar dicha técnica cuando la necesitemos. Todas las personas tenemos esa capacidad de crear imágenes, pero la disponibilidad, estabilidad e intensidad de las mismas, no siempre está bajo nuestro control. Afortunadamente, esta capacidad es entrenable.

Tiene importantes ventajas como el aprovechamiento máximo del tiempo, (se dice que en tiro con arco 10 minutos de visualización corresponden a 100 flechas lanzadas) o economización del esfuerzo muscular en la práctica de ejercicios técnicos, ayudando en la prevención de lesiones por esfuerzo repetitivo.

En cuanto a ejemplos de aplicación inmediata (llevando esta técnica a un caso particular, como la guitarra):

    • Evidenciar lagunas en el estudio de un repertorio: visualizar lo más nítidamente posible la ejecución de la pieza, ver claramente los dedos posicionados en el mástil, la pulsación… En el momento en que no se puede seguir de memoria la pieza y se duda qué traste pisar, es necesario volver al instrumento y practicar esa parte.

    • Estudio de ejercicios técnicos: visualizándonos en la ejecución de un ejercicio de técnica, no es posible imaginar, por ejemplo, una velocidad de dedos más rápida que la que realmente tenemos. Con la repetición de este ejercicio visual, esta velocidad se ve incrementada. Igualmente, se pueden practicar digitaciones que no hemos utilizado anteriormente sin necesidad de tocar el instrumento.

    • Memorización de escalas: en esta caso, existen técnicas complementarias que ayudan al ejercicio de visualización, como dibujar las escalas en papel y establecer un código de colores para determinados intervalos.

    • Interpretación en directo: imaginar cada detalle posible del escenario, situaciones adversas que pueden darse durante el concierto, etc, ayudan a preparar el directo y a tocar de una forma más precisa y relajada.

Para finalizar, voy a copiar una frase del gran violinista húngaro Leopold Auer que incluye mi compañero Aarón Castrillo en su artículo Cuánto debemos practicar al día”:

“ Practica con tus dedos y necesitaras todo el día. Practica con tu mente y lo podrás hacer en una hora y media ”

El gusto musical

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¡¡Hola a tod@s!!

En conversaciones de temática musical ya sea con amigos músicos o profanos en la materia, uno de los temas que sale con frecuencia es el gusto musical: por qué unos estilos musicales gustan más que otros, por qué un artista tiene determinado éxito, qué es lo que hace que odies un tema o se convierta en banda sonora de tu vida….

¿Es el gusto musical una facultad o una capacidad adquirida y condicionada por la cultura? ¿es esencialmente racional o fundamentalmente sensible?

La psicología de la música es una disciplina que se inicia a principios del siglo XX y trata de explicar la respuesta humana a la misma, de forma conceptual y empírica. Dentro de ésta, una línea de investigación es la que estudia el gusto musical.

En la Universidad de Keele (Reino Unido), Alexandra Lamont realizó un experimento con mujeres embarazadas a las que hizo escuchar cierto tipo de música, enfocándola hacia sus bebés. Descubrió que los niños, un año después del nacimiento, reconocían y preferían la música a la que habían sido expuestos en el vientre materno (los niños elegían el altavoz por donde salía la música que más les agradaba). Lo que oímos en el vientre materno influye en nuestras preferencias musicales, pero no las determina, porque en ese caso, todos escucharíamos la misma música que nuestros padres. Tiene que haber algo más.

Los expertos no se ponen de acuerdo al respecto, pero los estudios realizados sí arrojan conclusiones como que la educación es determinante en el gusto musical y en la elección de la música que más gusta: el experimento realizado a 104 participantes divididos en un grupo de 52 individuos con formación musical (CFM) y otro grupo de 52 sin formación musical (SFM) reveló que las personas CFM les gusta la música por ser un medio de expresión, y los géneros que prefieren están inclinados hacia la música “culta”, mientras que a las personas SFM, la música les gusta porque las relaja y prefieren los géneros musicales asociados con la música “popular”, entendiendo como culto un adjetivo empleado para clasificar la música clásica o artística, sin distinción de época, y considerando popular aquellos estilos musicales transmitidos por los medios de comunicación masiva y que se producen en grandes cantidades por métodos comerciales similares a los de cualquier otro artículo de consumo.

McDermott (2012), señaló que se prefiere la música que ya se ha escuchado, que use el idioma del oyente, o que sea un reflejo de su propia cultura. Además otro factor que influye es la complejidad de la obra, el mismo indica que la pieza no gusta cuando es muy compleja o muy simple, entendiendo por simple temas claramente definidos y progresiones de acordes que se resuelven de formas directas y fácilmente previsibles.

Por otro lado Megías y Rodríguez (2003), encontraron que el gusto musical es instrumental y funcional para los jóvenes ya que la música se convierte en vehículo para la diversión y un nexo con otras personas y actúa como acompañante y como medio evocador de recuerdos o sensaciones vividas.

Dash (2007), con otra perspectiva, encontró que la música está estereotipada por aspectos de género, así como también por aspectos raciales, económicos, de edad o culturales, los cuales influyen en el gusto musical, mientras que Rentfrow y Gosling (2003),convergieron que hay cuatro dimensiones, asociadas con rasgos de la personalidad:

a) reflexivo y complejo (blues, jazz, clásico y folk)

b) intenso y rebelde (rock, alternativa y heavy metal)

c) optimista y convencional (country, bandas sonoras, música religiosa y pop)

d) enérgico y rítmico (rap, hip-hop, soul, funk y electro)

Schäfer (2008), encontró que un fuerte factor por el cual las personas se decantan po cierto tipo de música es por la identificación con los músicos y la información que se da a través de la música.

Como veis, se trata de una temática controvertida y muy extensa en estudios y conclusiones, pero, al margen del sentido vital de la música como vehículo de expresión, generador de emociones, etc, que nadie pone en duda, sirva esta somera entrada como pequeña muestra y reflexión sobre el tema.



Fuentes consultadas:

− Alejandra López Herrera & Roberto Oropeza Tena (2013). Influencia del Conocimiento Musical Sobre el Gusto Musical. Recuperado de http://goo.gl/a0TpHb

− El Contexto y la Música que te Gusta (2012). http://goo.gl/teOawr